Cazando nubes al filo de las montañas del Valle de Aburrá en la reserva San Sebastián la Castellana

Subiendo por la ruta que del parque de Envigado conduce al valle de San Nicolás, llegamos a la reserva San Sebastián – La Castellana después de aproximadamente 15 minutos de subida por una estrecha carretera de una sola vía para subir y una sola vía para bajar donde  se ven los ciclistas disfrutando de un trayecto de alta resistencia y muchos avisos para la protección y reconocimiento de la fauna silvestre.  

​Para el ojo más entrenado, será fácil percatarse de los puentes que hay  para ayudar a los animales a realizar el peligroso transito que ya ha cobrado la vida de muchos de ellos, se hace compleja la relación de los animales que todavía andan en contacto con la tierra, con los artefactos creados por el hombre para superar la velocidad del jaguar.
En una estación de gasolina cuando termina la montaña, estacionamos  nuestro transporte y caminamos un poco hacia un sitio , que de no ser por nuestro guía DAE (Daniel Restrepo) un Veterinario que ha dedicado su vida a la protección de la fauna silvestre y quien sería nuestro guía de montaña en este domingo frío de marzo, no habríamos encontrado. 

​Iniciamos la caminata en lo que queda de un bosque de pinos y sentimos el acolchado de sus acículas en el suelo, ahí casi nada diferente a pinos, crece. El deseo de ver crecer madera rápido, trajo estos ejemplares del norte de América a usurpar el espacio del bosque nativo, en busca de rendimientos económicos. Caminando más adelante, todo empieza a cambiar y el chusque, los cucharos y muchas melastomatáceas nos cuentan de la importancia de la biodiversidad y la diferencia en el bosque húmedo montano alto de las laderas del valle de aburra.

​Juan David el guardabosques nos saluda y nos cuenta que está reserva va desde los 2500  a los 2950 msnm que hace parte del municipio del Retiro pero que linda con Envigado y que más adelante y si tenemos ganas de caminar el camino nos puede llevar a la Fe o al Retiro.
En el camino observamos un bosque bien conservado, orquídeas, aráceas, ciclantáceas y otras familias botánicas nos acompañan con el colorido de sus flores y con la mística visión de los colibríes que buscan de un lado a otro su miel. 

"Perfil de montaña. Niebla, vapor de agua, aunque hoy me ocultes el horizonte, mañana te veré fluir en forma de rio y me llevarás a conocer paisajes aún más lejanos. Hasta que nos encontremos otra vez en otras formas, mutantes. "

​Observamos aves, dialogamos sobre la importancia de reconocer nuestro territorio y disfrutamos de la observación de la naturaleza, sin otro fin que el de reconocer, admirar y respetar. No hay que saber mucho para llenarse de bosque. Para sentir como esas nubes blancas cargadas de agua,  la compañía de los arboles gigantes, el susurro del comprarán y la mirada curiosa del abanico cariblanco, cambian algo adentro del ser humano, ya no hay mente, te desconectas y no puedes más que disfrutar. 

​​La neblina estaba espesa este día, no pudimos admirar la ciudad ni logramos ver el nevado del Ruiz, pero comprobamos como esta materia blanca, transparente, intangible, rodea todo llenándolo del líquido que nos permite estar vivos, AGUA.
Ningún mamífero, quiso dar la cara, nos tienen miedo a nosotros con nuestros artefactos de ruedas, a nosotros que todo lo tenemos que entender, a nosotros que no podemos simplemente ser parte de algo más grande porque nuestro ego muchas veces no lo impide. Pero este tipo de actividades nos vuelven más humildes, nos enseñan que estamos íntimamente conectados con la naturaleza y así, quizás algún día, tendremos una relación más profunda y directa con el olinguito, el Jaguarundi o el puercoespín y no tendremos que recurrir a verlos muertos en la carretera.

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