Buscando Horizontes: un pueblito suspendido en el cielo

Hace 6 meses, supe por primera vez de este rincón del occidente antioqueño por un artículo en el Colombiano y desde ese instante decidí que rápidamente debía ir a conocer este increíble lugar.  
El día llegó y nuestra ruta comenzó en el pueblo de Sopetrán, a 1,5 horas de Medellín.
Mientras observábamos la majestuosa ceiba que adorna el parque y nos comíamos una morcilla con arepa, Adrian, mi guía y líder del proyecto posadas campesinas de Horizontes, me contó de todas las cosas tan maravillosas y aún desconocidas que tiene para brindar el Occidente Antioqueño.
Adrian se alegra de que hayan, cada vez más, personas interesadas en ir un poco más allá del turismo de “sol y piscina” tan común en estas tierras. 

​Subimos la montaña y observamos los recolectores que para esta época aprovechan los frutos del bosque seco. Mamoncillos, zapotes y mangos llenan los costales que serán vendidos en las plazas de los pueblos y ciudades cercanos. El mamoncillo (Melicocca bijuga) está escaso y caro, me contaba una vendedora de fruta del parque de Santa fe de Antioquia, porque  la madera es muy codiciada por ser fina y duradera, al parecer el árbol está siendo talado indiscriminadamente.

​La carretera que tomamos está en mal estado, pero en verano cualquier carro puede subir. La vista es insuperable, el valle del rio Cauca y todos sus pueblos del lado de la cordillera occidental, se observan, mientras ascendemos.
​El cambio en el ecosistema se percibe cada cierta distancia y la flora comienza a cambiar, de paso los campesinos de la zona me presentan el Noro (Byrsonima crassifolia) un árbol muy abundante a medida que dejamos el bosque seco

Luego de 45 minutos de viaje llegamos al corregimiento de santa Bárbara, cerca de la quebrada Nuarque  donde la líder comunitaria; Rosario, nos recibe muy amable para enseñarnos su finca cafetera. Antes de salir me preparó una deliciosa bebida de orégano de hoja grande para aliviar un dolor de estomago que me molestaba,  al parecer este oregano alivia muchos males.
​La finca cafetera tiene dos potreros, bautizados el progreso y mi bella ilusión, poco más hay que decir de estos significativos nombres, ellos hablan por si solos de lo importante que es la tierra para quienes la trabajan y la habitan. 

Seguimos ascendiendo y entramos para conocer la primera posada rural con las que cuenta horizontes. La casa de la Señora Lilian Vasquez. El lugar se llamaba la porquera pero ella le cambio el nombre por bellavista, no se necesita caminar mucho para comprobar porqué.
Nos quedamos impresionados con la belleza de esté lugar y disfrutamos la vista mientras nos comemos un delicioso fiambre envuelto en hoja que Adrian había hecho preparar con anterioridad para nosotros. Doña Lilian nos cuenta sobre sus rutinas diarias, que a su edad podrían parecer casi increíbles. Se levanta a las 5:30, ordeña sus dos vacas Petra y la mona y relata que a veces cuando está de ánimo le tira una sábana a su yegua Foronda y se va a cabalgar a pelo. Mientras estábamos conversando llegan 3 niños de la vereda, a pedirle a doña Lilian, que les regale cualquier pieza tecnológica que tenga dañada, pues el profe les está enseñando a hacer robots con pilas y nos cuentan entre risas, que además el profe les había enseñado que lo más valioso que tenían ellos es que eran Montañeros  ¡ Muero por conocer el profe que hace robots, ama la montaña y a su gente! 

Nos despedimos de doña Lilian para llegar a los 15 minutos a la entrada del pueblo.
​Horizontes tiene 110 casas todas en línea, pintadas como un mosaico de color y en las puertas se puede leer el nombre de los dueños de casa. De las puertas la gente sacude sus manos saludándonos.
Llegamos al parquecito, donde dos chivas muy coloridas nos dieron la bienvenida. Si llegas solo a horizontes es posible que al principio te sientas un poco desorientado, pero basta con que te acerques a las personas y comiences a conversar para enterarte que puedes hacer en este lugar. Yo llevaba unos mangos maduros que recogí en la finca del señor Daniel en Sopetrán, el me los obsequio pero yo prometí un trueque, llevaría los mangos de tierra caliente y le bajaría un quesito de leche de tierra fría. Con los mangos pude agradecer a las señoras que amablemente conversaron conmigo por un rato y le lleve otros de obsequio a doña Nubia, la señora que me daría posada esa noche

La hermana de Adrian, Laura nos esperaba en la Sebastyana, otro alojamiento en la zona rural a 5 min caminando del pueblo. Ella vive en Medellín pero reconstruyo la casa de sus abuelos, para ella, sus hijos y para alojar a quieres quieran pasar unas noches de mucha tranquilidad. Cada mes preparan una lunada., donde invitan a las personas de Medellín a que los visiten por 2 días y en la noche hay una comida espectacular, música y vino a disposición para todos. Solo 30 personas pueden asistir, porque tienen muy claro que lo interesante no es la cantidad sino la calidad de las personas y todos los que asisten a la lunada tienen una posada asignada en el pueblo, para que de esta forma se pueda compartir la experiencia con todas las personas que están trabajando en Horizontes en el turismo comunitario.

Comemos y conversamos con  Julian de Café Canelo,  un emprendimiento de café de Cañasgordas. El, nos hace una degustación muy informativa sobre todo el proceso del café. Luego de unos vinos, una comida deliciosa, un café y un chocolate con pan de Julito (Al parecer Julito tiene una panadería muy bien conocida en Sopetrán)  nos dirigimos a nuestro alojamiento, la casa de doña Nubia. Ella nos arregla la cama y nos invita a tomar las cobijas que nos hagan falta, yo me siento feliz porque soy muy friolenta y esto de poder tener muchas cobijas es una ventaja. cierro mi puerta que para esta pieza es una linda cortina y logro en este acogedor lugar, conciliar rápidamente el sueño.

En la mañana me levanto muy temprano y camino por el pueblo tomando fotos de la cotidianidad de horizontes, el ir y venir de las mulas, los campesinos llegando a entregar la leche al tanque comunal, los niños saliendo para la escuela, las mujeres barriendo sus casas y espió de reojo a lo lejos un poco del interior de las casa que de puertas abiertas, permiten que el viajero se deleite, con otra forma de vivir.

Camino y me entretengo mirando a Don Arturo Flores moviendo el café para secarlo, doña Consuelo Garcia, su esposa, sale a acompañarlo y nos sentamos los 3 a conversar, me cuentan que llevan 50 años de casados y que nacieron, se conocieron y se quedaron en Horizontes. Sale doña Nubia, mi anfitriona, ella y doña Consuelo son las mejores amigas desde muy pequeñitas, se cogen de la mano, la amistad de toda una vida, resumida en un simple gesto.

 

Ayudo a doña Nubia a hacer el desayuno, arepita con chocolate y huevos revueltos, Adrian nos invita a conocer otras posadas como la de la señora Libia y la de la  profe Damaris que nos convida a un espectacular capuchino, mientras conversamos de su profesión y de los retos de ser la única profesora de todo el bachillerato en horizontes pues  trabaja bajo el modelo de escuela nueva y multigrado.

En la tarde salimos para Medellín por la vía que comunica a Belmira, a nuestro paso un hermoso bosque nativo de niebla nos rodea y sobrepasamos un punto que nos recuerda que a horizontes también llego la guerra, pero que sus habitantes resilientes lograron quedarse y aunque con algunas heridas, lograron terminar de verla pasar y retornaron los que tuvieron que desplazarse y hoy se sueñan en una construcción distinta, los jóvenes, se van a estudiar a las grandes ciudades pero muchos de ellos retornan como Adrian a repensar su pueblo, a buscar posibilidades para poderse quedar y trabajar, el turismo comunitario en estos contextos es un aliado que permite hacer realidad estos sueños. 

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