El rio Melcocho, historias de guerra, agua y biodiversidad

Paradoja: para conservar hay que conocer pero conocer puede llevar a transformar y a desaparecer, entonces ¿qué se debe hacer?

​El día acordado para el viaje llegó. Temprano, recogí a las personas que me acompañarían en el carro y nos encontramos con el otro grupo para desayunar muy cerca de Cocorná. Las dos horas de camino las disfrutamos aprendiendo en medio de un intercambio de ideas sobre la generación de energías, con especial énfasis en la energía polémica que tanto impacto ha tenido en el oriente Antioqueño, en su paisaje , en su gente, la hidroeléctrica. Don Fernando, un ingeniero forestal, compartió sus amplios conocimientos en el tema y aunque no logré estar de acuerdo con él en algunas visiones, aprendí nuevos conceptos que enriquecerían mis argumentaciones futuras sobre el tema.


​En el pasado, recorrí muchas veces la vía que conduce de Medellín a Bogotá, algunas ocasiones en la noche. Recuerdo que mi mamá siempre me pedía no detenerme en San Francisco o San Luis, el imaginario era de mucho peligro.
​Ese día, iba con la leve ansiedad de quien va a conocer algo que es prohibido, así sentí por mucho tiempo estos lugares, prohibidos, también los sintieron del mismo modo las personas que tuvieron que dejar su tierra a causa de la guerra. Que fuerte esa palabra PROHIBIR. Antes de emprender el camino hacia el Porvenir, ya estábamos en el agua, disfrutando del rio Santo Domingo un afluente del rio Samaná por el que hicimos un recorrido de tubbing, muy tranquilo y que permite disfrutar de la naturaleza que rodea el lugar. Me pregunté mientras descendíamos, quien cuidará de esos bosques que rodean la cuenca, cuando vuelva el turismo y la ganadería a San Francisco?

​Luego de la aventura de tubbing, continuamos el camino, por una carretera en muy mal estado, pero de gran hermosura con todas las cascadas que descienden de las  paredes rocosas de la montaña. Llegamos a la vereda el Retiro, allí, nos esperaba un sancocho, 2 mulas y el principio de una caminata de 5 horas para llegar a la vereda El Porvenir. 

Con Andres, el guía, hablé de cuáles eran las perspectivas de turismo en este lugar, mientras caminábamos por canalones y montañas y veíamos gente ir y venir en sus mulas y sus machos por el camino de arriería. Me alegró mucho saber que hay un movimiento grande para evitar la construcción de una carretera. Da mucha tranquilidad que te cuenten que los campesinos designaron partes importantes del territorio para protegerlo con la figura RESERVA FORESTAL PROTECTORA REGIONAL DE LOS CAÑONES DE LOS RIOS MELCOCHO Y SANTO DOMINGO
Paramos en un lugar secreto en medio del bosque a bañarnos en el rio y a tirarnos desde un puente que solo sirve para eso, pues hicieron una inversión de infraestructura sin contar con la idea que tienen las gentes de ese lugar sobre cuál es el camino (de algún modo, está ha sido una de las graves enfermedades de Colombia, imponer caminos a la fuerza)

En la tarde, cuando ya oscurecía, llegamos a una planicie.  En la penumbra, apareció  muy emocionado un niño saludarnos y a mostrarnos su camada de perros cazadores. Sentía en mis pies, a través del suelo, que servía de caja de resonancia, los brincos de  alegría de Juan al ver los visitantes que entraban a su vereda. En ese momento, recordé, que hasta hace muy poco, los suelos de san francisco y otros municipios del oriente Antioqueño estaban llenos de minas, que cobraron la vida de muchos campesinos o los dejaron incapacitados para disfrutar sus montañas. Desde el 2008 hasta el 2015, en está zona, el ejercito realizo un trabajo para desactivar 20 artefactos de alto poder y 293 minas antipersona en un área de 340.992 m2 ; además fueron encontrados 166. 571 unidades de desechos metálicos. Me alegra que juan pueda brincar sin miedo y yo estar ahí para verlo. Quizás en otra época, de modo casí irónico, estaría yo jugando buscaminas, el imaginario más cercano que tenia de ese proceso, en la comodidad de mi casa en la ciudad.

Llegamos a oscuras. En el filo de la montaña estaba la casa amarilla de madera que parecía suspendida en el flanco oriental del cañon. Doña Dolly , el Señor Raúl y sus hijas, nos esperaban con juguito de lulo salvaje y una ducha de agua caliente para descansar. Dormimos en colchonetas en el piso y en las camas de la casa de Yoli, una de las hijas de la familia que es maestra y además líder de la comunidad.

​A la mañana siguiente, como de costumbre me levante a las 5am. Doña Dolly ya estaba moliendo el maíz para las arepas y don Raúl me convido a desgranar el maíz para los animales. Con Emanuel el nieto de don Raúl de unos 11 años,  intentamos sin mucho éxito avistar aves (éramos dos inexpertos, importante aclarar, además como el mismo lo dijo, no lograba ver muy bien porque “le parpadeaban las manos”) aprovechamos lo entretenidos que estábamos con el tema para hablar de las aves de la zona mientras me enseñaba muy entusiasmado sobre guacharacas y paujiles con tres libros muy interesantes que le había dado su tia Yoli que también es su maestra.

En el desayuno, degustamos cantidad de delicias, entre ellas el queso fresco y un pan-almojabana en forma de cojincitos recién hecho en horno de leña. La comida en este lugar, se puede llevar todo un capitulo en el blog. Tener la fortuna de probar preparaciones con productos frescos, hechos en fogón de leña y con recetas únicas y tradicionales, es un lujo que permiten estás experiencias. Destaco del viaje, las preparaciones dulces de guayaba y borojó de arboles de la zona, el arroz con leche, la torta de maíz y leche cortada,  la arepa fresca y los frijoles que no pueden faltar en Antioquia. 

A las ocho, cogimos loma. Ajair, uno de los hijos de don Raúl, adelante. Yo con mi bastón de macana, dando lo mejor de mi en semejante montaña, el camino vale la pena el esfuerzo. Yo no soy la caminante más experta, pero creo que habían más especies de lo común rodeando el sendero. Diversos tipos de hongos, gusanos, abejas, tabanos, mariposas y por supuesto árboles como el comino Aniba perutilis que se nos apareció y nos muestra el potencial del bosque del cañon rio melcocho, como banco de germoplasma.
Después de más de 5 horas de caminada, en subida, por un camino en medio del bosque hecho por don Raúl cuando estaba joven, llegamos a la finca que tiene su familia en el alto. Allá, hay potreros para unas vacas y una yegua que se llama lucero que a pesar de estar sola en un lugar tan alejado está gorda y de piel brillante.
AllÁ arriba, hay una casa en ruinas donde vivía don Raul antes de ser desplazado por la guerrilla. Incluso, alguna vez le toco ver a Karina y sus hombres en un cultivo de yuca que tenían no muy lejos de ahí. La vereda se llama Montebello.  Don Raul sube cada cierto tiempo y se queda una semana solo en la montaña, dice que eso para el es la felicidad, aunque su mujer no comparte el concepto. 

​Al llegar a un punto del camino, ajair y andres, nos cuentan cómo hace 7 años, mientras ajair pasaba unas vacas de potrero, vio a  unos guerrilleros en huida del ejército. Ajair continuó su camino, con la mala suerte de mover con su andar, unos los hilos invisibles en el camino que detonaron una mina antipersona. Por suerte, en este caso, la metralla solo afecto su cara, tuvo que recorrer el camino que acabábamos de hacer, galopando en su mula monte abajo y con la suerte que el médico de turno estaba ese día en la vereda, recibió los primeros auxilios y emprendió en mula nuevamente el camino de 4 horas para llegar a San Francisco y otras 3 para llegar a Medellín, (complejo eso del transporte cuando se vive en un país en guerra) 

​Hoy, la guerra parece parte del pasado. Vienen nuevos capítulos para estos territorios que paradójicamente quedaron resguardados por la guerra. En esas mismas montañas de la vereda el porvenir, Colciencias en compañía del instituto Humboldt y cornare, realizarón la expedición Colombia Bio, este lugar fue escogido en Antioquia por lo bien preservado de sus bosques y para descubrir un ecosistema que la guerra había invisibilizado.
“Colombia Bio tiene como finalidad fortalecer los conocimientos de la biodiversidad del país y en consecuencia la comprensión de sus posibles usos y aplicaciones, forjando las bases de bioeconomías locales a través del reconocimiento de la diversidad de los territorios y la autonomía de los mismos.”

"​Hoy, la guerra parece parte del pasado. Vienen nuevos capítulos para estos territorios que paradójicamente quedaron resguardados por la guerra. "

Ese pedazo del rio, a pesar de la dificultad para acceder, empieza a ser muy concurrido y dialogamos sobre los peligros que acecha para la naturaleza con la llegada del turismo masivo y mal manejado.

De regreso ya nos vencía el cansancio y aunque fue una jornada extenuante físicamente, todos estábamos repletos de felicidad. El bosque y la actividad física tienen efectos reparadores profundos en las emociones y la mente ​

​Como llegar a este lugar:
Parte de la responsabilidad con estos sitios de naturaleza poco conocidos, es visitarlos con una persona que conozca la zona y que esté haciendo turismo responsable involucrando las comunidades locales y ayudando a fomentar un desarrollo y crecimiento sostenible de está actividad.
En lo personal nos encantó el trabajo desarrollado por Aventura San Francisco, son personas responsables organizadas y con un interés por la conservación de los lugares de naturaleza
Que esperar del alojamiento:
Aunque hay mulas para las personas que no puedan caminar mucho, la jornada es exigente, los caminos se pueden poner pantanosos y requiere un nivel de entrenamiento medio. La acomodación es ideal para las personas que les gusta compartir con locales, algunas acomodaciones son colchones en el piso y todo es muy limpio. Los baños son compartidos y hay uno con agua caliente. La comida es sencillamente espectacular y abundante, el agua es calentada en horno de leña asi que tiene ese sabor característico que a mi personalmente me encanta. Tienen cerveza fría
 En resumen:
Es un lugar sencillo, lleno de naturaleza y sorpresas impresionantes que harán que esta experiencia sea inolvidable 

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