La Bocana: una playa limpia y bacana – Bahía Málaga

La frase está en letras visibles y en una valla gigante que se ve desde las lanchas que tienen este lugar como paso obligado para ir Bahía Málaga, a 15 minutos del puerto de buenaventura se lee LA BOCANA LIMPIA Y BACANA,  la frase es contundente, pero la realidad es otra.
Esta playa, que mira todo el tiempo hacia la cordillera occidental, sufre la llegada de la basura que traen los ríos Dagua y Achicaya que vierten sus aguas a la Bahía de Buenaventura  , transformando este lugar en un maravilloso ejemplo de como todos estamos conectados por el agua. Todos los días los pobladores de La Bocana en sus distintos sectores: Changai, Piangüitas, Vista Hermosa, Centro y Monte Adentro se levantan a barrer la playa, en busca de mantener su territorio limpio, más de 6 toneladas de basura recogen mensualmente sin contar la que producen los habitantes y los turistas que visitan el lugar. 

Sin embargo la voluntad de sus moradores por mantener limpias las playas, hace que el turismo nunca se haya extinguido y que este lugar sea un referente de descanso para los habitantes de Buenaventura y Cali.
Por mucho tiempo, como cuentan los guías del grupo Ecológico herencia ambiental, los visitantes que llegaban a la Bocana, eran turistas masivos que buscaban un lugar económico donde disfrutar el sol y la playa, muchos de estos turistas, dormían en el piso de los restaurantes para no pagar alojamiento y realizaban fiestas durante toda la noche, perturbando la calma de este pequeño pueblo de pescadores.
Pero esto, viene cambiando, gracias a las capacitaciones que los pobladores han tenido de parte de fundaciones como MARVIVA y la CVC (Corporación Autónoma Regional del Valle) quienes han recalcado en la importancia de mirar hacia adentro, en este caso hacia el bosque y el manglar con sus grandes potenciales para el turismo de naturaleza.
A este lugar llegamos un poco por azar, no estaba dentro de nuestro itinerario de viaje, sin embargo quedamos encantadas con lo que vimos desde que llegamos al muelle. Aquí hay que ponerse los lentes y mirar todo con una óptica más reflexiva. Lo primero que ves al llegar, son los palafitos de Changai, unas construcciones zanconas como la palma Socratea exhorriza, los pescadores, construyeron cerca a la marea, porque de ella viven, de ella se alimentan. Para esto han creado casas voladoras, hechas de maderas finas que les provee el bosque circundante, maderas que no se pudren con el vaivén de las olas, maderas perseguidas por los aserradores que ya no viven más en armonía con el bosque, porque rompieron el pacto de mutualismo que los unía,  para proveer a cambio de papel moneda la avaricia del hombre continental. 

Debajo de las casas voladoras, habita el recuerdo del pago que el continente les ha dado, por cuidar este territorio durante tantos siglos. Las botellas, zapatos viejos, bolsas plásticas y todos los retazos de la civilización, reemplazaron los pedazos de troncos, hojas secas y semillas que llegaba como noticia de otros bosques lejanos. El paisaje, es melancólico pero directo, no hay tiempo que perder, ahora los habitantes del bosque y el manglar, tendrán como tarea ser maestros del hombre urbano.
Allí, en los palafitos de Changai, vive Jairo Diaz, un pescador líder en su comunidad, que ahora divide su tiempo entre la pesca y el turismo de naturaleza. Me acerco a su casa para observar como empaca y enhiela un camarón que va para la venta, es camarón titi, me cuenta. Su mujer es madre comunitaria y su casa de madera está llena de juguetes que le dan color. Afuera un hombre cura su barca, con fibra de vidrio, cubre las heridas que le ha dejado el trajín de las olas. En el mar, las gaviotas se exaltan, al parecer, llegaron los changueros, me cuenta la profe Gervacea, son pescadores que utilizan una malla no permitida porque su ojo es tan pequeño que arrastra todo a su paso, incluyendo los peces que no tienen la talla suficiente para ser pescados, los changueros arrojan al mar las sobras que sirven de comida a las gaviotas esté es otro de los grandes trabajos que tiene la comunidad por delante, convencer a los habitantes que la sostenibilidad depende de todos, que sin peces chiquitos, no habrá peces grandes, que los ciclos de la naturaleza se deben respetar, que no sabemos que hay debajo del mar . 

​Después de Changai, caminamos un poco hacia La playa de las ceibas (así la bauticé).  Fue cultivada por la CVC hace más de 30 años, para utilizar este árbol más común en  bosque seco, en la prevención de la erosión causada por las mareas. El espectáculo, para mi, no tiene comparación, un jardín de ceibas repletas de epífitas: orquídeas, bromelias y helechos se cuentan por cientos en estas galerías que ya pocos admiran, sus troncos han sido pintados, como si un poco de pintura pudiera hacerlas aún más bellas, nosotros siempre tratando de dejar huella. 

Encontramos un hotel para pasar la noche, que no podría recomendar, la infraestructura en la Bocana, ha sido pensada imitando la arquitectura de otros lugares, para complacer a un turista que poco más quiere conocer cómo viven los locales, impidiendo que ellos, desarrollen proyectos de arquitectura innovadora, pensando en la naturaleza circundante, en la bioclimática, en los materiales más propicios, en su propia experiencia, en su tradición.  Al día siguiente, fuimos a ver buenos ejemplos de construcciones nativas que prestan servicios de acomodación y que al parecer son la elección de artistas como Yury Buenaventura  un salsero más reconocido en Francia que en Colombia, porque este país ha sufrido mucho tiempo de incapacidad de autoreconocerse,  como nos cuenta Don Miguel Moreno, un aserrador que ahora protege el bosque, en estos lugares, la palabra de un mister venido de otro lado tiene más valor que la del vecino pescador.

​Don miguel, nos cuenta sus historias de cuando era aserrador, nos habla de árboles de finas maderas, que el tumbo y que ahora protege; incluso ganándose la enemistad de algunos vecinos. El conoce el bosque y sus riquezas, es hombre de monte y no de playa. Nos habla del Mare, del sajo, el chimbuza y el dormilón, está feliz con el libro de Savia Botánica del Pacifico que les llevamos, con él, lograrán mejorar la interpretación de los senderos para poder enamorar a los visitantes del bosque húmedo tropical

​Desde el 2005 se le concedió al consejo comunitario de Bazan – Bocana el titulo colectivo de 9.967 hectareas y ellos son responsables por el uso de ese territorio, Ciber Gambindo vicepresidente del consejo y un importante líder ambiental, se ha esforzado por hacerle comprender a su comunidad, la importancia de enfocar los esfuerzos turísticos hacia el ecoturismo, esto significa que muy pronto, si logran sus objetivos, este lugar será un foco de aprendizaje y desarrollo focalizado en la sostenibilidad. Con el apoyo de maestras inspiradas como Gervacea Cuero que lleva a sus alumnos más allá del aula, imparte clases de turismo y ecología y hace parte del grupo herencia ambiental, el trabajo será más simple. 

​Caminando por el sendero la Bocana – Pianguita, entramos a la casa del señor Jesus Guaitotó, un hombre que combina las labores de mar con las de la tierra, tiene barca y plantío, cultiva frutales nativos, hierbas medicinales y arboles maderables. En su  jardín hay palmas de coco donde en sus tallos crecen orquídeas y en sus hojas cuelgan los nidos de las oropéndolas, todo aquí es vida. 

Los 17 integrantes del grupo ecológico herencia ambiental, han desarrollado un aquasendero con asesoría y financiación del programa PPD del  GEF y el PNUD , allí pretenden compartir sus conocimientos y permitir que el visitante se aproxime al manglar y a las fuentes de agua dulce que hay al interior de este lugar Bienvenidos todos a compartir con la gente de La Bocana: una playa limpia y bacana

Como llegar: desde el muelle turístico de Buenaventura, se puede tomar las lanchas que van hacia Juanchaco  a las 8:00 am 10:30 am 1:30 pm y 4:00 pm. También pueden tomar una lancha express salen cuando se llenen con 20 personas y esto puede tardar en promedio 1 hora o más el valor del tiquete es de $15.000 COP y los niños menores de 5 años no pagan. El trayecto entre Buenaventura y La Bocana dura entre 15 y 20 minutos.
Que hacer, que comer y donde dormir: te recomendamos que llames al líder de Herencia Ambiental Jairo Diaz: , el te asesorará sobre las actividades los valores y el tipo de alojamiento más conveniente según tus necesidades. El grupo ecológico está haciendo un sondeo para verificar los restaurantes que estén cumpliendo con las normas de tallas mínimas de los productos marinos ofrecidos para así generar trazabilidad en los procesos de sostenibilidad
¿Cómo funciona el Aquasendero?: Este producto turístico te lleva por el estero Bazan, internándote en el manglar, para que conozcas en más detalle la importancia de este ecosistema y del bosque húmedo tropical, los guías te llevarán a unas piscinas de aguas cristalinas donde puedes disfrutar del lugar y adicional solicitar el servicio de alimentación en medio de la selva.
Valor: 45.000 pesos con alimentación y 32.000 solo el recorrido
Duración: 3 horas  
Capacidad mínima: 5 personas,
de 1 a 4 personas pagan lo mismo : 130.000 en total (no incluye alimentación)
Grupo máximo por guía: 10 personas
Incluye: 
Bebida de bienvenida
Guía
Marinero
Lancha
Degustación de dulce local
Seguro 

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